Os ofrecemos la traducción del artículo Focus On de Eurydice, la Red de información sobre educación de la Comisión Europea sobre un tema de actualidad: cómo enseñar a detectar noticias falsas o fake news.
“Por qué, a veces, he creído hasta seis cosas imposibles antes del desayuno… Sería tan agradable si algo tuviera sentido por una vez en la vida.” Lewis Carroll (Alicia en el País de las Maravillas)

Las iniciativas para combatir las noticias falsas parecen multiplicarse tan rápidamente como las propias noticias. Apenas transcurre un día sin que se anuncie un nuevo programa o estudio para detectar contenidos falseados. Solo en la UE este año, la Comisión ha constituido un grupo de expertos de alto nivel sobre el tema, ha lanzado una campaña, #SaferInternet4EU,  ha anunciado que el Centro de Investigaciones Joint Research Centre está desarrollando una herramienta para controlar las noticias falsas durante las elecciones europeas del año que viene y ha propuesto un Código de actuación sobre desinformación en la UE. Pero, ¿estamos realmente tan mal equipados para manejar este problema y para enseñar a los alumnos estas habilidades?

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El primer turno de iniciativas para atajar el problema de la proliferación de noticias falsas consistió en producir noticias. La idea implícita que se asume es que tal vez los ciudadanos no reconozcan como falsas las noticias cuando las leen y, por tanto, se deberían hacer esfuerzos  para limitar las posibilidades de quedar expuestos a ellas. Esto se puede lograr realizando una comprobación de los hechos, etiquetando como falsas las historias que lo sean o eliminándolas antes de que se extiendan. Desafortunadamente, esta forma de proceder es una batalla perdida, tal como ya se ha demostrado. Además, en un mundo donde se sabe que las compañías de redes sociales venden los datos privados a empresas, gobiernos y campañas políticas, es bastante poco realista pensar que solo sobrevivirá la información fiable y de alta calidad.

En consecuencia, los gobiernos, las organizaciones internacionales y las compañías de redes sociales como Facebook han vuelto los ojos a los consumidores de noticias digitales y en particular a niños y jóvenes adultos. Desde las campañas nacionales como el nuevo currículo escolar de Italia que enseña a los estudiantes universitarios cómo reconocer y denunciar noticias falsas, hasta los nuevos módulos de PISA que miden la competencia global de los niños de la OCDE y que incluyen la habilidad para “detectar noticias falseadas”, hay todo un movimiento para desarrollar nuevos currículos, herramientas de aprendizaje on-line y recursos para profesores.

La responsabilidad de llevar estas iniciativas a la práctica recaerá, inevitablemente, sobre la escuela. Sin embargo, es crucial no tratar las habilidades involucradas en la detección de noticias falsas como un contenido nuevo que los centros educativos deben empezar a impartir. Las competencias y habilidades necesarias para identificar y tratar falsedades como el pensamiento crítico, la alfabetización digital y numérica y los conocimientos de historia, culturas y religiones forman, todos, parte de las competencias clave que las escuelas ya desarrollan. Es indudable que la competencia lectora, esto es, la habilidad para identificar, comprender, expresar, crear e interpretar conceptos, sentimientos, hechos y opiniones y la competencia digital, es decir, “el uso y la interacción crítica y responsable de las tecnologías digitales en el aprendizaje, en el trabajo y para participar en la sociedad” son dos de las ocho competencias clave para el aprendizaje a lo largo de la vida que la Comisión Europea adoptó en enero de 2018. El pensamiento crítico y el análisis del contexto fundamentan todas las demás.

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El pensamiento crítico es una habilidad transversal que se desarrolla a través de diversas esferas del saber y debería ser activada cuando visitamos las redes sociales, vemos la televisión o leemos la prensa escrita. La idea de que la escuela puede dar clase de pensamiento crítico específicamente para remediar el problema de las noticias falsas desgajada de un contexto social más amplio peca de simpleza. Muchos países lo han reconocido y, como muestra el estudio Eurydice 2017 sobre ciudadanía, prefieren diseñar currículos transversales para integrar el pensamiento crítico en áreas más amplias como las Ciencias sociales y las lenguas o como un objetivo transversal al que deben acercarse todos los profesores.

En la actualidad el término “noticias falsas” puede significar información incorrecta o errónea, representación engañosa de los hechos u opiniones con las que uno no está de acuerdo, como recogía una observación del New Yorker sobre la manera de comprender el presidente de los EE. UU. el término en cuestión, como un “relato creíble que a él no le gusta”. Enseñar a los más jóvenes a detectar y eliminar noticias falsas como una habilidad independiente de los conceptos amplios de alfabetización y conciencia cultural lleva aparejado el riesgo de enseñarlos a etiquetar como falsas y a desestimar opiniones que no comparten. Y esto no va a contribuir al desarrollo de ciudadanos responsables que estén preparados para participar en un discurso democrático de altura. Por el contrario, ese modo de proceder puede desembocar en el distanciamiento o falta de atención hacia otros puntos de vista y en la evitación de fuentes de información que no sean las habituales.

Las competencias clave son una combinación de conocimientos, habilidades y actitudes. Pero desarrollar las actitudes necesarias para reaccionar de manera responsable ante las noticias falsas una vez que se han identificado ha sido algo no abordado por las últimas iniciativas. Una actitud escéptica es clave para evaluar la información, independientemente de si la fuente es un blog, la edición en línea de un periódico de amplia tirada, la web de un gobierno o una web que aloja documentos gubernamentales filtrados.

Así que, tal vez, ha llegado la hora de concentrarse en aquello que los centros educativos hacen mejor. Mejor que añadir nuevos componentes curriculares, innovadores parámetros de medida de los aprendizajes y otros modelos de examen, ¿por qué no apoyar a los profesores y a los padres  para que puedan enseñar a los niños a navegar por este mundo de informaciones y desinformaciones que ha llegado para quedarse?

Los autores de este artículo son Ralitsa Donkova y David Crosier

 

Eurydice España-REDIE

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