Juan había terminado sus clases y estaba muy contento. Esa misma noche Juan iba  a divertirse con sus amigos, celebrando su cumpleaños y contemplando las hogueras. Pero cuando llegó a su casa, su familia había planeado para él algo totalmente distinto.

– ¿Ir con vosotros a San Juan?, ¡no pienso hacerlo!
– Juan vas a venir con nosotros -dijo su madre.
– Como siempre hemos hecho, es una tradición familiar -apuntó su padre.
– Pues no pienso hacerlo, voy a ir con mis amigos-gritó Juan mientras cierra la puerta de su cuarto tras de sí.

Estaba totalmente enfadado en su cuarto mientras oía el jolgorio que su familia formaba preparando las cosas. Sus tíos y primos llegaron, asegurando tener el coche repleto de madera y su abuela aseguró tener provisiones hasta fin de año. Al oirlos esbozó una pequeña sonrisa. Se lo pasaba bien en esa reunión familiar, que se había convertido en una pequeña tradición, pero le fastidiaba perderse la celebración de su cumpleaños con sus amigos.

– ¿Enfadado? -preguntó su abuelo asomando la cabeza tras la puerta.
– ¿Tú qué crees? -contestó enfadado Juan.
– Me imagino que sí. Ahora mismo crees que es lo peor que te está pasando en la vida, pero créeme, no es lo peor -dijo su abuelo.
– ¡Pues no se qué puede ser peor que esto! -protestó Juan.
– No poder hacerlo. Yo cada año vivo esta noche intensamente pensando que va a ser la última -dijo melancólico el abuelo.
– No digas eso -contestó con voz triste Juan.
– Sí, es así Juan. Eso si que es triste. Me encanta estar con vosotros esta noche, preparar la hoguera y comer el mejor bocadillo de la historia junto a vosotros. Es lo mejor del mundo, esta es una noche mágica. Yo desde pequeño la celebré junto a mi familia, y después instauré esta tradición la mia propia. No sólo me gusta estar junto a los míos, sino poder celebrar la llegada del verano. Pero sobre todo me gusta porque cumple mis deseos-dice el abuelo dándole una palmada en el hombro.
– ¿Qué deseos?-preguntó Juan.
– El de estar siempre juntos año tras año, y hacer que a todos os guste esta noche mágica junto al fuego protector. Espero que cuando yo ya no esté sigáis celebrando este día-dijo mientras salía del cuarto.
– ¡Pero tú siempre estarás abuelo! -gritó Juan.
– No siempre Juan, no siempre -apuntó su abuelo mientras cerraba la puerta.
– Siempre lo estarás, yo me encargaré de eso abuelo -susurró Juan.

Llorando se acercó a la puerta de su cuarto y antes de salir de su habitación, se secó las lágrimas y salió para unirse a su familia. Su padre le sonrió y su abuelo le guiñó un ojo. La familia al completo se marchó para celebrar la noche de San Juan.
Según llegaban a su playa favorita, Juan notó como su enfado disminuía. Pasó una tarde agradable con sus primos y su abuelo, e hicieron la mejor hoguera de la playa.

Al caer la noche todas las hogueras se prendieron bajo un cielo estrellado. La gente cantaba, bailaba y reía alrededor del juego. Juan contemplaba feliz a su familia junto a su abuelo. Era una noche perfecta. Su cumpleaños, la playa, el fuego, y el mejor de los regalos, su familia.

– ¡Hora de los deseos!-gritó su madre.
Todos se acercaron a la hoguera y arrojaron sus deseos escritos en papeles de colores.
– ¿Ya no estás enfadado?-preguntó su abuelo.
– No-respondió Juan-es el mejor cumple de mi vida.
– ¿No querías ir con tus amigos?-preguntó su abuelo.
– Ya no. Puedo celebrar mi cumpleaños con ellos otro día. Ahora tengo todo lo que he deseado-responde Juan abrazando a su abuelo.
– Los deseos se cumplen esta noche-responde su abuelo abrazándole.

Y así es como Juan nunca se pierde la reunión familiar en la noche más mágico del año, mientras observa como los deseos en el hipnótico fuego, mientras observa junto a los suyos, como los deseos se consuman en el hipnótico fuego.

Con el paso del tiempo hay nuevas incorporaciones, y a pesar de que algunos falten, Juan nunca los olvida porque cada año su deseo siempre es el mismo, nunca olvidar a los suyos, y Juan sabe que los deseos de San Juan siempre se cumplen.

Iratxe Arranz Melchor
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cuento de Iratxe Arranz Melchor
autora de la trilogía PARALELUM

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