Cuento: Alba descubre otras culturas

Cuento: Alba descubre otras culturas

Este es el tercer libro de Alba tras Alba descubre Andalucía y Alba descubre las culturas. En él, de nuevo Alba viaja alrededor del mundo visitando difrentes países donde encontrará nuevos amigos y descubrirá nuevas comidas, animales, paisajes y monumentos.

Ahora Alba recorrerá Finlandia, Marruecos, Japón, Mexico, Italia, y muchos más países. No te lo pierdas. Descarga el libro. Es gratis.

Edad recomendada: a partir de 6 años
Precio: Gratis en versión digital.
Categoría: Geografía

Autora: Elisabeth Muñoz Sánchez
Ilustraciones: Romina Soto

Publicación: 30/09/2016
Editorial: WeebleBooks
Idiomas: Español

 

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Noche de San Juan

Noche de San Juan

Juan había terminado sus clases y estaba muy contento. Esa misma noche Juan iba  a divertirse con sus amigos, celebrando su cumpleaños y contemplando las hogueras. Pero cuando llegó a su casa, su familia había planeado para él algo totalmente distinto.

– ¿Ir con vosotros a San Juan?, ¡no pienso hacerlo!
– Juan vas a venir con nosotros -dijo su madre.
– Como siempre hemos hecho, es una tradición familiar -apuntó su padre.
– Pues no pienso hacerlo, voy a ir con mis amigos-gritó Juan mientras cierra la puerta de su cuarto tras de sí.

Estaba totalmente enfadado en su cuarto mientras oía el jolgorio que su familia formaba preparando las cosas. Sus tíos y primos llegaron, asegurando tener el coche repleto de madera y su abuela aseguró tener provisiones hasta fin de año. Al oirlos esbozó una pequeña sonrisa. Se lo pasaba bien en esa reunión familiar, que se había convertido en una pequeña tradición, pero le fastidiaba perderse la celebración de su cumpleaños con sus amigos.

– ¿Enfadado? -preguntó su abuelo asomando la cabeza tras la puerta.
– ¿Tú qué crees? -contestó enfadado Juan.
– Me imagino que sí. Ahora mismo crees que es lo peor que te está pasando en la vida, pero créeme, no es lo peor -dijo su abuelo.
– ¡Pues no se qué puede ser peor que esto! -protestó Juan.
– No poder hacerlo. Yo cada año vivo esta noche intensamente pensando que va a ser la última -dijo melancólico el abuelo.
– No digas eso -contestó con voz triste Juan.
– Sí, es así Juan. Eso si que es triste. Me encanta estar con vosotros esta noche, preparar la hoguera y comer el mejor bocadillo de la historia junto a vosotros. Es lo mejor del mundo, esta es una noche mágica. Yo desde pequeño la celebré junto a mi familia, y después instauré esta tradición la mia propia. No sólo me gusta estar junto a los míos, sino poder celebrar la llegada del verano. Pero sobre todo me gusta porque cumple mis deseos-dice el abuelo dándole una palmada en el hombro.
– ¿Qué deseos?-preguntó Juan.
– El de estar siempre juntos año tras año, y hacer que a todos os guste esta noche mágica junto al fuego protector. Espero que cuando yo ya no esté sigáis celebrando este día-dijo mientras salía del cuarto.
– ¡Pero tú siempre estarás abuelo! -gritó Juan.
– No siempre Juan, no siempre -apuntó su abuelo mientras cerraba la puerta.
– Siempre lo estarás, yo me encargaré de eso abuelo -susurró Juan.

Llorando se acercó a la puerta de su cuarto y antes de salir de su habitación, se secó las lágrimas y salió para unirse a su familia. Su padre le sonrió y su abuelo le guiñó un ojo. La familia al completo se marchó para celebrar la noche de San Juan.
Según llegaban a su playa favorita, Juan notó como su enfado disminuía. Pasó una tarde agradable con sus primos y su abuelo, e hicieron la mejor hoguera de la playa.

Al caer la noche todas las hogueras se prendieron bajo un cielo estrellado. La gente cantaba, bailaba y reía alrededor del juego. Juan contemplaba feliz a su familia junto a su abuelo. Era una noche perfecta. Su cumpleaños, la playa, el fuego, y el mejor de los regalos, su familia.

– ¡Hora de los deseos!-gritó su madre.
Todos se acercaron a la hoguera y arrojaron sus deseos escritos en papeles de colores.
– ¿Ya no estás enfadado?-preguntó su abuelo.
– No-respondió Juan-es el mejor cumple de mi vida.
– ¿No querías ir con tus amigos?-preguntó su abuelo.
– Ya no. Puedo celebrar mi cumpleaños con ellos otro día. Ahora tengo todo lo que he deseado-responde Juan abrazando a su abuelo.
– Los deseos se cumplen esta noche-responde su abuelo abrazándole.

Y así es como Juan nunca se pierde la reunión familiar en la noche más mágico del año, mientras observa como los deseos en el hipnótico fuego, mientras observa junto a los suyos, como los deseos se consuman en el hipnótico fuego.

Con el paso del tiempo hay nuevas incorporaciones, y a pesar de que algunos falten, Juan nunca los olvida porque cada año su deseo siempre es el mismo, nunca olvidar a los suyos, y Juan sabe que los deseos de San Juan siempre se cumplen.

Iratxe Arranz Melchor

cuento de Iratxe Arranz Melchor
autora de la trilogía PARALELUM

El mejor verano de mi vida

El mejor verano de mi vida

Se ha acabado el colegio, ¡por fin!

Pero mi alegría por estar de vacaciones dura poco. Mis padres trabajan todo el verano y me voy al pueblo con mi abuelo.
Lloro, protesto, grito e incluso ruedo por el suelo y nada. Entre lágrimas veo como mis padres preparan mi maleta.
Por la mañana meto en una mochila mis deberes y la tablet.
En el coche el trayecto se me hace larguísimo y presiento que va a ser mi peor verano.

Al llegar al pueblo, el abuelo nos espera sentado en la puerta de casa. Al vernos sonríe con una sonrisa de oreja a oreja, que yo no le puedo devolver.

¿Qué voy a hacer en este pueblo de casas bajas y suelo empedrado?
Mis padres hablan un poco con mi abuelo y tras darme un beso, desaparecen tras una nube de polvo.

Mi abuelo habla y habla sin parar. Entramos en la casa y me lleva hasta mi habitación, que es pequeña, con una cama, un armario, un pequeño escritorio y una silla.
Estoy tan enfadado que en señal de protesta me paso toda la tarde haciendo deberes. El calor es tan insoportable, que abro la ventana para ver si me entra un poco de aire fresco.

Una brisa se cuela en mi habitación y trae consigo las risas lejanas de unos niños. ¿Niños en el pueblo y divirtiéndose? Mañana mismo me pongo a buscarlos y descubro que se ríen en un sitio donde no hay nada. El abuelo me llama para cenar y cuando nos acostamos es tan temprano que no tengo ni sueño.
Para colmo de males, la tablet está descargada y olvide el cargador en casa. ¿Esto es horrible!.

A la mañana siguiente los rayos del sol me despiertan temprano. El olor a tostadas me lleva junto a mi abuelo a la cocina. Mientras me sigue contando mil historias, vuelvo a escuchar risas.
Ayudo a mi abuelo a recoger y me dirijo hacia donde esas risas me guían. Por fin llego al centro del pueblo donde unos cuantos niños juegan en una plaza junto al río.

Me paso toda la mañana jugando hasta que el abuelo me llama para comer. Durante la comida le cuento todo lo que he hecho. Después de descansar, vuelvo a salir al caer la tarde. Así todos los días.
Juego, hablo con mi abuelo, me baño en el río, cazo grillos, observo las estrellas, colecciono hojas, aprendo nombres de flores, la abuela de un amigo nos enseña a hacer bizcochos, mi abuelo me enseña a tallar palos con una navaja, río, canto, voy a la verbena…
Con tantas cosas por hacer y tanto que aprender, no me he dado cuenta de que el verano llega a su fin.

Antes de marcharnos, celebramos una fiesta de fin de verano en la plaza. ¡Ha sido mi mejor verano!.
Mis padres vienen a buscarme, me despido de mis nuevos amigos y mi abuelo me abraza mientras me da vueltas en el aire.
Antes de marcharme mi abuelo me da la mochila. Me había olvidado de ella, y de mi tablet. Lo mejor de todo es que no la había necesitado para divertirme.

De regreso a casa les cuento a mis padres todas mis aventuras y lo bien que lo he pasado.
Esa noche duermo a pierna suelta en mi cama, recordando el mejor verano de mi vida.
Al día siguiente ordeno mis cosas y veo mi mochila. La abro y veo que mi abuelo me ha metido un montón de libros junto a una nota en la que dice que si los leo, nunca dejaré de pasármelo bien y de tener mil aventuras como las de este verano.

Coloco su regalo en la balda de mi habitación y decido escribir una redacción contando a mis compañeros de clase y a mi profesora, cómo ha sido el mejor verano de mi vida.

 

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Nota de la autora Iratxe Arranz Melchor

Iratxe Arranz Melchor

Este cuento se lo dedico a todos los niños que comienzan sus vacaciones de verano. Da igual adonde vayáis, si playa o montaña, o si os quedáis en vuestra ciudad; ¡eso da igual!

Lo único que tenéis que hacer es disfrutar. Habéis trabajado mucho este año y os merecéis disfrutar.

Jugar, escuchar música, dar paseos por la naturaleza, bañaros en el mar, descansar, hacer nuevos amigos, cazar grillos, bailar, bañaros en los ríos, mirar las estrellas, aprender cosas nuevas, reíros hasta que os duela la barriga, escribir cartas y postales, hacer fotos, …, en fin pasarlo genial.

Y os recomiendo leer y escribir un poco cada día. Leyendo descubriréis que podéis vivir mil y una aventuras en verano, pero también en otoño, en invierno y en primavera.

 

Marie, ¡no soy princesa, soy una superhéroe!

Marie, ¡no soy princesa, soy una superhéroe!

Mi nombre es Marie y voy a contaros mi historia.

Para poder contaros cómo ha sido mi vida, voy a sentarme en mi banco de madera favorito, situado frente al mar.

Recuerdo mi infancia como una niña feliz junto a mis padres. Viví junto a ellos miles de maravillosas experiencias, que desde el principio me hicieron creer en mí.

Me educaron durante toda mi vida confiando en mí, lo que enseguida me llevó a crecer como una niña algo “diferente”. Tenía las ideas muy claras desde bien pequeña, y mis gustos eran algo diferentes al resto de los niños.

Un día sentada en el respaldo de un banco de un parque, leía tranquilamente un libro, cuando una señora pasó y me dijo:

– Cuidado princesa, no vayas a caerte.
– ¡Yo no soy una princesa!, ¡soy una superhéroe!

Recuerdo que aquella mujer me miró asustada, mientras se alejaba de allí corriendo. Sonrío al recordar aquella anécdota, y si bien me arrepiento de haber chillado a una pobre mujer, no me arrepiento para nada de lo que dije.

Desde ese día supe cuál era mi camino, y decidí no seguir por el que me marcaban.

No tenemos que ser princesas y me negué a quedarme de brazos cruzados.

Mis padres, como científicos, me pusieron Marie por la científica que marcó la historia. Yo he seguido los pasos de mis padres, y como mi antecesora, también me dedico al mundo de la ciencia, aportando descubrimientos útiles para nuestra sociedad.

Sentada en mi banco observó como una niña lucha con una espada imaginaria, contra el viento, mientras grita que es una guerrera. La observo sonriendo pensado que tenemos siglos para seguir descubriendo a grandes guerreras que luchan cada día demostrando que podemos hacer todo aquello que nos propongamos.

Me levanto y me alejo plena y satisfecha con el pasar de los años en mi vida, y dejo tras de mí ese banco vacío para que lo ocupen todas las mujeres fuertes, libres y guerreras, que aunque no salgan en los libros, marcarán la historia. La niña sube al banco y se sienta en el respaldo para contemplar el ocaso del día. Yo no le digo nada y me alejo de allí, sabiendo que no se caerá, y si lo hace, se levantará y será más fuerte al alba de cada uno de sus días.

 

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Iratxe Arranz Melchorpor Iratxe Arranz Melchor
autora de la trilogía PARALELUM

Nota de la autora

Este “cuento” está dedicado a todas las mujeres que han marcado, marcan y marcarán la historia. Como mujer, madre, trabajadora y escritora, creo que tenemos que alejarnos de los estereotipos, que como adultos marcamos en los niños y niñas desde su más tierna infancia. También está en nuestras manos hacer visible a la mujer en todos los campos de esta nuestra sociedad.

Confío que la igualdad entre hombres y mujeres sea el reto de este siglo. Hay muchas mujeres que han hecho historia, y que merecen ser referentes de nuestros hijos e hijas. Desde aquí mi homenaje a todas aquellas, que aún no teniendo derecho a nada, lucharon por aquello en lo que creían e hicieron historia.

HEROINAS

KLAUS  y el pequeño humano

KLAUS y el pequeño humano

Os voy a contar mi historia ahora que están a punto de comenzar las fiestas de navidad. Mi historia comenzó precisamente por estas fechas tan señaladas. Me llamo Klaus y soy un perro muy feliz, y os voy a contar el porqué.

Yo en un principio, vivía con otros perros en un lugar donde nos cuidaban bien, nos daban de comer, y nos llevaban a pasear. Algunos de mis amigos perrunos se iban con algún humano que nos visitaba de vez en cuando, y no regresaban. Yo les veía partir felices junto a sus amigos humanos, y yo esperaba el día para irme igual de feliz que ellos, pero ese día no llegaba.

Pasó el tiempo y aunque deseaba con toda mi alma tener una familia, me acostumbré a vivir a allí, y perdí toda esperanza.

Un día mientras dormía, las palabras de un humano me despertaron de mi siesta. Observé que un hombre alto hablaba con un humano más bajito, que escuchaba atentamente. Le decía que los perros no éramos regalos, y que por eso algunos reyes que eran magos, o algo así, (eso no lo entendí bien), habían decidido que a partir de ese año no regalarían a ningún ser vivo más. Como no los oía bien, me acerqué a ellos, y pasé largo rato entre ambos escuchando su conversación. Se reían todo el rato y el pequeño humano se aferró tanto a mí que podía oir su pequeño corazón.

Tras pasar la mejor tarde de mi vida, el humano alto me puso un collar y observé la correa que sujetaba el pequeño humano. ¡Qué alegría, me iba con ellos!

Subimos a un extraño aparato humano que pasaba a gran velocidad por las calles llenas de luces preciosas.

Cuando el extraño aparato paró, entramos en un lugar y al cruzar la puerta, adiviné que aquel era mi nuevo hogar.

En aquella casa había una humana que me hizo mil carantoñas. Seguí al pequeño humano por mi nuevo hogar, y al final nos sentamos en un confortable lugar frente a una extraña caja donde veíamos imágenes.

Mi nuevo hogar era cálido, me sentía querido y era feliz, pero un día sucedió algo inesperado.

En uno de mis paseos junto a ellos, en mi playa favorita, unos extraños ruidos en el cielo reventaron mis oídos, y el pánico que sentí me hizo salir huyendo.

Cuando por fin paré, estaba sólo y no conocía aquel lugar. La noche llegó y pasé mido y frío. Pasé así unos días intentando encontrarlos, pero fue en balde. Tenía hambre y frío y estaba empapado. Cuando me di del todo por vencido, unos humanos me recogieron y me llevaron a un lugar donde volví a sentir calor, aunque seguía igual de triste.

Justo cuando volví a perder toda esperanza, la puerta de aquel lugar se abrió, y tras ella aparecía mi pequeño humano. Salté de alegría a su alrededor y no dejé de besarlo hasta llegar de nuevo a casa.

Días después vimos a esos reyes que los humanos dicen que son magos. Mi pequeño humano habló con ellos y les dijo que no quería nada porque su mejor regalo era yo y que quería que otros niños tuvieran también un amigo como yo. Yo miré a aquellos tres extraños humanos y les pedí, mientras acariciaban mi cabeza, que todos los perros viviesen la alegría de tener un hogar donde se les quiera.

Aquella noche dormí junto a mi humano a pierna suelta y así he seguido hasta hoy. Ambos hemos cambiado y hemos crecido juntos. Soy un perro feliz.

Al final he comprendido que esos reyes sí son algo mágicos porque cada vez más perros y animales sin hogar, tienen la oportunidad de vivir una vida como la mía.

Esta es mi historia. Soy feliz con mi familia, y espero que en estas fiestas, si queréis tener un amigo, podáis visitar lugares donde viven un montón de animales que esperan vuestro cariño.

Os deseo una feliz navidad. KLAUS.

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Nota de la autora

Iratxe Arranz Melchor

Durante esta navidad sé que muchos niños piden tener un animal.

Está en nuestras manos hacerles ver que son seres vivos como nosotros. Hay que enseñarles a verlos como parte de nuestra familia, y no como mascotas.

También hay que enseñarles que los amigos no se compran ni se regalan.

Si como adultos decidís incorporar un miembro más en la familia, hay un montón de protectoras con un montón de especies deseosas de encontrar un lugar donde se les quiera.

Al margen de diferentes opiniones, creo que tenemos que enseñar a los niños a convivir respetando al resto de seres vivos, con los que convivimos, y sólo así lograremos que en un futuro los cuiden como se merecen.

ASPACAN navidad

Os invito a visitar alguna protectora y conocer así el problema del abandono y maltrato animal de primera mano. Tenemos cerca la protectora ASPACAN, que desde Laredo hace una maravillosa labor. En esta protectora los niños son bien recibidos, y junto a los voluntarios, podrán cuidar de los cachorros y pasear a los perros.

Visitarles puede ser una actividad muy enriquecedora para conocer una triste realidad de nuestros días y así concienciar a nuestros peques.

Está en vuestras manos crear un mundo mejor donde convivamos todas las especies.

El superpoder de Ana

El superpoder de Ana

Ana estaba algo nerviosa. Viajaba junto a sus padres en coche hacia una nueva vida. Por motivos de trabajo, a su padre, lo habían trasladado a otra ciudad.
Ana tenía la difícil tarea de hacer amigos en su nuevo colegio, y eso la hacía sentir muy incómoda porque era tímida y le costaba un montón hacer amigos.

Mirando a través de la ventana se preguntaba si en ese nuevo colegio tendría que contestar a las mil preguntas curiosas sobre sus implantes.

Observando su reflejo en la ventanilla, supo que si. No era nada malo y se propuso explicar pacientemente a sus compañeros la razón de porqué llevaba unos raros aparatos colgando de su cabeza y apoyados en sus orejas, que la permitían oir el mundo que la rodeaba. Aunque muchas veces también renegaba de ellos, porque algunas veces le hacían sentir diferente y otras porque no podía desenvolverse tan bien como el resto, con una simple conversación.

El viaje se le estaba haciendo largo y pesado, pero cuando llegaron, la estampa de su nuevo barrio no la defraudó.

Mientras su padre y los chicos del camión de mudanzas se apresuraban a descargar las cosas, Ana y su madre aprovecharon para dar una pequeña vuelta  y así conocer el barrio. Era un lugar tranquilo y agradable donde reinaba el silencio. Había muchos parques y jardines, y se sentaron en un banco a la sombra de un gran árbol, para tomar un refrescante helado.

El padre de Ana las avisó de que todas las cajas ya estaban en casa, y por fin entraron en su nuevo hogar.

Cuando por fin entraron, algo nerviosas, a conocer lo que sería su futuro hogar. Era una casa preciosa, pequeña y acogedora. Los días siguientes los pasaron juntos colocando todas sus cosas.

La hora de regresar al colegio se acercaba y a Ana no la hacía demasiada ilusión.
En esos días ordenó sus libros, colocó todo en su estuche, y preparó su mochila.

La noche anterior no pudo casi dormir.

Al día siguiente se despertó temprano, se preparó  y ordenó todas sus cosas. Sus padres la acompañaron al colegio y la presentaron a su nueva maestra Pilar, que parecía alegre y muy divertida. Al sonar el timbre los padres de Ana se despidieron de ella. Pilar le dio la mano y subió a su nueva clase, junto al resto de sus compañeros.

Ya en el aula, Pilar presentó a Ana, y el resto se fueron presentando uno a uno.
Como era de esperar, una niña le preguntó que eran las cosas que llevaba en la cabeza. Ana explicó al resto que no podía oir, y que gracias a esos aparatos podía escucharles.

Pilar dio más explicaciones sobre lo que eran, y terminó diciendo, casi en susurros, que Ana tenía el super poder de oir la caída de un hoja y el llanto de un mosquito. Todos escuchaban entusiasmados y Ana hacía sonreir a todos.

Pilar también confesó que ella tenía el super poder de hacer reir a cualquiera, y para demostrarlo hizo cosquillas a la clase entera, que reía a carcajadas sin poder parar.

Pilar pidió a todos que pensaran que super poder tenían. Algunos enseguida descubrieron el suyo, como correr a gran velocidad. Dar grandes saltos, leer muchos libros, hablar sin parar, poner caras graciosas, … A los que no sabían qué decir, les ayudábamos a descubrir sus poderes, como ser el más silencioso, el más alegre, el más valiente, tener la mejor visión, …

Fue un día fantástico lleno de emociones y Ana estaba encantada con Pilar y sus compañeros.

Por la noche les contó todo a sus padres y estos se mostraron muy contentos con lo que su hija les contaba.

stop bullyingAna supo adaptarse enseguida gracias a una compañera que tenía el poder de conocer cada milímetro del colegio, sus rincones más secretos y el nombre de cada uno de los que allí convivían.

El primer trimestre pasó volando y disfrutaba descubriendo el poder que tenían todas las personas que venían al colegio. Todos los poderes eran alucinantes. Había veces que podías cambiar de un poder a otro, o incluso perderlo, pero enseguida se recuperaba.

Todas las personas eran maravillosas, aunque claro, Ana siempre pensaba que el poder más alucinante era el de ella porque era capaz de oir cualquier cosa, hasta el llanto de un mosquito.

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Nota de la autora:Iratxe Arranz Melchor

Como madre y maestra, animo a todos los adultos que busquen en cada niño, el super poder que tienen en su interior.
En septiembre los niños acuden al colegio, algunos por primera vez y otros ya son veteranos.

Nunca debemos de olvidar que está en nuestras manos hacer de su vida escolar, la mejor de las experiencias. Como padres debemos presentar al colegio como ese lugar lleno de maravillas por descubrir, y como maestra, tenemos la obligación de crear en nuestras aulas, la mejor de las aventuras.

Tenemos que ser sus “pilares” y asegurar el factor humano por encima de todo y hacer de las aulas un lugar donde los niños acudan entusiasmados.

En los tiempos que corren, creo que lo más importante es enseñarles a vivir cooperando y no compitiendo entre ellos.

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