Os voy a contar mi historia ahora que están a punto de comenzar las fiestas de navidad. Mi historia comenzó precisamente por estas fechas tan señaladas. Me llamo Klaus y soy un perro muy feliz, y os voy a contar el porqué.

Yo en un principio, vivía con otros perros en un lugar donde nos cuidaban bien, nos daban de comer, y nos llevaban a pasear. Algunos de mis amigos perrunos se iban con algún humano que nos visitaba de vez en cuando, y no regresaban. Yo les veía partir felices junto a sus amigos humanos, y yo esperaba el día para irme igual de feliz que ellos, pero ese día no llegaba.

Pasó el tiempo y aunque deseaba con toda mi alma tener una familia, me acostumbré a vivir a allí, y perdí toda esperanza.

Un día mientras dormía, las palabras de un humano me despertaron de mi siesta. Observé que un hombre alto hablaba con un humano más bajito, que escuchaba atentamente. Le decía que los perros no éramos regalos, y que por eso algunos reyes que eran magos, o algo así, (eso no lo entendí bien), habían decidido que a partir de ese año no regalarían a ningún ser vivo más. Como no los oía bien, me acerqué a ellos, y pasé largo rato entre ambos escuchando su conversación. Se reían todo el rato y el pequeño humano se aferró tanto a mí que podía oir su pequeño corazón.

Tras pasar la mejor tarde de mi vida, el humano alto me puso un collar y observé la correa que sujetaba el pequeño humano. ¡Qué alegría, me iba con ellos!

Subimos a un extraño aparato humano que pasaba a gran velocidad por las calles llenas de luces preciosas.

Cuando el extraño aparato paró, entramos en un lugar y al cruzar la puerta, adiviné que aquel era mi nuevo hogar.

En aquella casa había una humana que me hizo mil carantoñas. Seguí al pequeño humano por mi nuevo hogar, y al final nos sentamos en un confortable lugar frente a una extraña caja donde veíamos imágenes.

Mi nuevo hogar era cálido, me sentía querido y era feliz, pero un día sucedió algo inesperado.

En uno de mis paseos junto a ellos, en mi playa favorita, unos extraños ruidos en el cielo reventaron mis oídos, y el pánico que sentí me hizo salir huyendo.

Cuando por fin paré, estaba sólo y no conocía aquel lugar. La noche llegó y pasé mido y frío. Pasé así unos días intentando encontrarlos, pero fue en balde. Tenía hambre y frío y estaba empapado. Cuando me di del todo por vencido, unos humanos me recogieron y me llevaron a un lugar donde volví a sentir calor, aunque seguía igual de triste.

Justo cuando volví a perder toda esperanza, la puerta de aquel lugar se abrió, y tras ella aparecía mi pequeño humano. Salté de alegría a su alrededor y no dejé de besarlo hasta llegar de nuevo a casa.

Días después vimos a esos reyes que los humanos dicen que son magos. Mi pequeño humano habló con ellos y les dijo que no quería nada porque su mejor regalo era yo y que quería que otros niños tuvieran también un amigo como yo. Yo miré a aquellos tres extraños humanos y les pedí, mientras acariciaban mi cabeza, que todos los perros viviesen la alegría de tener un hogar donde se les quiera.

Aquella noche dormí junto a mi humano a pierna suelta y así he seguido hasta hoy. Ambos hemos cambiado y hemos crecido juntos. Soy un perro feliz.

Al final he comprendido que esos reyes sí son algo mágicos porque cada vez más perros y animales sin hogar, tienen la oportunidad de vivir una vida como la mía.

Esta es mi historia. Soy feliz con mi familia, y espero que en estas fiestas, si queréis tener un amigo, podáis visitar lugares donde viven un montón de animales que esperan vuestro cariño.

Os deseo una feliz navidad. KLAUS.

huella-de-perro-en-un-corazon

descarga el cuento en .pdf

Nota de la autora

Iratxe Arranz Melchor

Durante esta navidad sé que muchos niños piden tener un animal.

Está en nuestras manos hacerles ver que son seres vivos como nosotros. Hay que enseñarles a verlos como parte de nuestra familia, y no como mascotas.

También hay que enseñarles que los amigos no se compran ni se regalan.

Si como adultos decidís incorporar un miembro más en la familia, hay un montón de protectoras con un montón de especies deseosas de encontrar un lugar donde se les quiera.

Al margen de diferentes opiniones, creo que tenemos que enseñar a los niños a convivir respetando al resto de seres vivos, con los que convivimos, y sólo así lograremos que en un futuro los cuiden como se merecen.

ASPACAN navidad

Os invito a visitar alguna protectora y conocer así el problema del abandono y maltrato animal de primera mano. Tenemos cerca la protectora ASPACAN, que desde Laredo hace una maravillosa labor. En esta protectora los niños son bien recibidos, y junto a los voluntarios, podrán cuidar de los cachorros y pasear a los perros.

Visitarles puede ser una actividad muy enriquecedora para conocer una triste realidad de nuestros días y así concienciar a nuestros peques.

Está en vuestras manos crear un mundo mejor donde convivamos todas las especies.

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