Se ha acabado el colegio, ¡por fin!

Pero mi alegría por estar de vacaciones dura poco. Mis padres trabajan todo el verano y me voy al pueblo con mi abuelo.
Lloro, protesto, grito e incluso ruedo por el suelo y nada. Entre lágrimas veo como mis padres preparan mi maleta.
Por la mañana meto en una mochila mis deberes y la tablet.
En el coche el trayecto se me hace larguísimo y presiento que va a ser mi peor verano.

Al llegar al pueblo, el abuelo nos espera sentado en la puerta de casa. Al vernos sonríe con una sonrisa de oreja a oreja, que yo no le puedo devolver.

¿Qué voy a hacer en este pueblo de casas bajas y suelo empedrado?
Mis padres hablan un poco con mi abuelo y tras darme un beso, desaparecen tras una nube de polvo.

Mi abuelo habla y habla sin parar. Entramos en la casa y me lleva hasta mi habitación, que es pequeña, con una cama, un armario, un pequeño escritorio y una silla.
Estoy tan enfadado que en señal de protesta me paso toda la tarde haciendo deberes. El calor es tan insoportable, que abro la ventana para ver si me entra un poco de aire fresco.

Una brisa se cuela en mi habitación y trae consigo las risas lejanas de unos niños. ¿Niños en el pueblo y divirtiéndose? Mañana mismo me pongo a buscarlos y descubro que se ríen en un sitio donde no hay nada. El abuelo me llama para cenar y cuando nos acostamos es tan temprano que no tengo ni sueño.
Para colmo de males, la tablet está descargada y olvide el cargador en casa. ¿Esto es horrible!.

A la mañana siguiente los rayos del sol me despiertan temprano. El olor a tostadas me lleva junto a mi abuelo a la cocina. Mientras me sigue contando mil historias, vuelvo a escuchar risas.
Ayudo a mi abuelo a recoger y me dirijo hacia donde esas risas me guían. Por fin llego al centro del pueblo donde unos cuantos niños juegan en una plaza junto al río.

Me paso toda la mañana jugando hasta que el abuelo me llama para comer. Durante la comida le cuento todo lo que he hecho. Después de descansar, vuelvo a salir al caer la tarde. Así todos los días.
Juego, hablo con mi abuelo, me baño en el río, cazo grillos, observo las estrellas, colecciono hojas, aprendo nombres de flores, la abuela de un amigo nos enseña a hacer bizcochos, mi abuelo me enseña a tallar palos con una navaja, río, canto, voy a la verbena…
Con tantas cosas por hacer y tanto que aprender, no me he dado cuenta de que el verano llega a su fin.

Antes de marcharnos, celebramos una fiesta de fin de verano en la plaza. ¡Ha sido mi mejor verano!.
Mis padres vienen a buscarme, me despido de mis nuevos amigos y mi abuelo me abraza mientras me da vueltas en el aire.
Antes de marcharme mi abuelo me da la mochila. Me había olvidado de ella, y de mi tablet. Lo mejor de todo es que no la había necesitado para divertirme.

De regreso a casa les cuento a mis padres todas mis aventuras y lo bien que lo he pasado.
Esa noche duermo a pierna suelta en mi cama, recordando el mejor verano de mi vida.
Al día siguiente ordeno mis cosas y veo mi mochila. La abro y veo que mi abuelo me ha metido un montón de libros junto a una nota en la que dice que si los leo, nunca dejaré de pasármelo bien y de tener mil aventuras como las de este verano.

Coloco su regalo en la balda de mi habitación y decido escribir una redacción contando a mis compañeros de clase y a mi profesora, cómo ha sido el mejor verano de mi vida.

 

descarga el cuento en .pdf

 

Nota de la autora Iratxe Arranz Melchor

Iratxe Arranz Melchor

Este cuento se lo dedico a todos los niños que comienzan sus vacaciones de verano. Da igual adonde vayáis, si playa o montaña, o si os quedáis en vuestra ciudad; ¡eso da igual!

Lo único que tenéis que hacer es disfrutar. Habéis trabajado mucho este año y os merecéis disfrutar.

Jugar, escuchar música, dar paseos por la naturaleza, bañaros en el mar, descansar, hacer nuevos amigos, cazar grillos, bailar, bañaros en los ríos, mirar las estrellas, aprender cosas nuevas, reíros hasta que os duela la barriga, escribir cartas y postales, hacer fotos, …, en fin pasarlo genial.

Y os recomiendo leer y escribir un poco cada día. Leyendo descubriréis que podéis vivir mil y una aventuras en verano, pero también en otoño, en invierno y en primavera.

 

Share This